Análisis y reflexiones sobre la industria del libro, por Arantxa Mellado

La autoedición empieza a consolidarse como competencia para los editores tradicionales: el debate

6 de julio de 2015
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“La autoedición empieza a consolidarse como competencia para los editores tradicionales.”  Esta conclusión, que titulaba y argumentaba en mi último post, propició ayer domingo un interesantísimo debate en Twitter. Los domingos por la mañana tengo terminantemente prohibido acercarme a un radio de dos metros de una pantalla, así que no pude participar (y cómo me hubiera gustado). Intervenir ahora no tendría sentido, por lo que he optado por exponer mis opiniones en este nuevo artículo. [Aprovecho para admitir, sobre todo de cara a Julieta Lionetti, que es a quien contradigo, que juego con la ventaja que me da no estar limitada por 120 caracteres.]

@JulietaLionetti, directora de Relaciones Editoriales en 24Symbols, comenzó el debate afirmando que la autoedición no es competencia para las editoriales porque “de momento son dos mercados” con “lectores diferentes”, “fuera del statu quo”, y concluía que “la autoedición no quita mercado tradicional, ha creado uno nuevo”. A lo que respondía con mucho sentido común @Bernat Ruiz, Director de Producto en Røter, poniendo en duda que la autoedición hubiera creado nuevos lectores. Como bien dice Bernat, es difícil de creer que los libros autoeditados hayan llevado a la lectura a nuevos lectores, a tantos como para crear un nuevo mercado millonario. Recordemos las cifras que da Nielsen sobre la autopublicación en el Reino Unido:

El 5% del total de libros vendidos en 2014 fueron auteditados (papel y digital)[1]. Esto se tradujo en unos ingresos de 58 millones de libras y 17 millones de unidades vendidas. Desde el punto de vista de la edición digital, las ventas de ebooks autoeditados supusieron el 15% del total. En el primer trimestre de 2015 subieron al 16%.

No niego la posibilidad de que haya un pequeño porcentaje de nuevos compradores de libros, pero me cuesta creer que los autores independientes hayan encontrado lo que los gobiernos y la industria llevan décadas buscando: la clave del fomento de la lectura. No hay en los independientes géneros nuevos, ni formatos novedosos, ni siquiera una mayor calidad en la escritura. Tampoco se destacan por sus cubiertas ni por los temas de sus obras. ¿Qué distingue las obras románticas de las autoras independientes de las que publica, por ejemplo, Harlequin? ¿Hay algo en ellas que promueva la lectura entre las no lectoras? Quitando el cuidado de la edición y la selección, la única diferencia entre los libros autoeditados y los publicados por editores es el bajo precio, y no siempre. ¿Y es el precio un argumento para empezar a leer si nunca se ha leído o se ha leído poco? Lo dudo mucho. Además, “el 23% de los compradores británicos de libros no se dieron cuenta de que la novela que habían adquirido estaba autopublicada”. Casi un cuarto de los compradores no sabía de dónde procedía el libro que compraron. Éste es el punto de inflexión: a la gente le importa lo que lee, no quién lo ha publicado. Y aquí radica el principal peligro para los editores, que su trabajo no sea valorado por los lectores. A las cifras me remito de nuevo:

Al 53% de los lectores no les importa que una obra esté autopublicada.

El 80% de los consumidores creen que los ebooks autoeditados “están igual de bien escritos que los demás [los publicados por editoriales] ebooks” y que “los nuevos autores conseguirán más ingresos por esta vía”.

Así pues, desde el punto de vista del comprador, me reafirmo en que la autoedición sí es un nuevo competidor para los editores y en que estos van a tener que reaccionar reforzando su imagen de marca y haciendo sus libros visibles mediante, entre otros medios, una gestión impecable de los metadatos.

En lo que no estoy de acuerdo con Bernat Ruiz es en su afirmación de que la edición tradicional y la independiente son “mercados paralelos”.

Si por «mercados paralelos» entendemos que los libros autopublicados tiene un público diferente, ha quedado argumentado que esto no siempre es así. Son mercados que tienen un punto de intersección cada vez más amplio. Y no hemos de olvidar que los canales de venta son los mismos en ambos casos, y que la mayoría de la librerías on line no hacen diferenciaciones entre unos y otros a la hora de ofrecerlos a los lectores.

Siguiendo con el debate, éste se puso aún más interesante cuando @RogerDomingo aportó un nuevo punto de vista: el del autor.

Según Roger Domingo, editor de la división de libros de empresa del Grupo Planeta, la autoedición les está quitando mercado a los editores tradicionales, es decir, ha empezado a competir con ellos, desde el momento en que hay autores que prefieren autopublicarse a ser publicados por un editor, ni siquiera cuando éste les ofrece un adelanto.

 

 

 

 

Roger equiparó a los autores independientes con editoriales, puesto que les hacen la misma competencia. Una premisa con la que no estaban de acuerdo ni Bernat Ruiz ni Julieta Lionetti.

En mi opinión, que ya expuse en el post que originó este debate, la cuestión no está en la equiparación autor/editorial (aunque recordemos que el ISBN llama a los independientes «autores-editores»), sino en la suma de todos estos autores-editores, que como grupo sí presentan una competencia cada vez mayor. En todo caso, estoy de acuerdo con todos ellos en que necesitamos mucho más tiempo y más debate para tratar el tema con la profundidad que requiere. Y que son necesarios muchos más datos.

Gracias, Julieta, Bernat, Roger y Borja Adsuara por proponer y desarrollar un debate tan apasionante.

Arantxa Mellado Bataller
Consultora editorial