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Análisis y reflexiones sobre la industria del libro, por Arantxa Mellado

ISSN 3082-0499

Por qué la industria editorial ha de leer con cautela el informe «El mapa del libro español del siglo XXI: Veinticinco años de ficción desde la cultumetría crítica»

5 de noviembre de 2026
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El mapa del libro español del siglo XXI: Veinticinco años de ficción desde la cultumetría crítica

Autores: Daniel Torres-Salinas, Ana Gallego-Cuiñas y Wenceslao Arroyo-Machado
Institución: Universidad de Granada. Proyecto LETRAL-IA
Publicación: 30 de septiembre de 2026
DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.23054828

El informe El mapa del libro español del siglo XXI: Veinticinco años de ficción desde la cultumetría crítica constituye una investigación sobre la producción editorial de ficción en España entre 2001 y 2025. Su principal fortaleza reside en la amplitud del corpus utilizado, integrado por 344.501 registros ISBN, y en la voluntad de combinar el análisis bibliométrico con una interpretación cultural y sociológica de la actividad editorial.

La propuesta de valorar dichos registros según la cultumetría crítica resulta interesante por la premisa de que los datos y los sistemas de clasificación no son neutrales y deben interpretarse teniendo en cuenta las condiciones históricas, económicas y culturales de su producción.

El título del informe puede haber llevado a profesionales de la industria del libro a leerlo como un documento técnico sobre producción editorial, cuando, pese a que da cifras, este no es su objeto.

Dicho esto, es necesario poner de manifiesto que el estudio presenta debilidades metodológicas, errores en la clasificación de las editoriales e imprecisiones en la interpretación de los estándares y metadatos comerciales que, desde mi punto de vista, cuestionan algunas de sus conclusiones principales relacionadas con la industria del libro.

El título «El mapa del libro español del siglo XXI» resulta excesivamente ambicioso y no se corresponde con el objeto ni con el alcance de la investigación. 

El informe sólo analiza la producción de Ficción, por lo que se deja fuera de la investigación una parte sustancial «del libro español del siglo XXI» que anuncia, incluidos los grandes segmentos de no ficción y educación. El propio subtítulo –«veinticinco años de ficción desde la cultumetría crítica»– introduce esa limitación temática, pero eso no corrige ni justifica las expectativas creadas por el título principal.

El estudio trabaja sobre un corpus de 344.501 registros de ISBN extraídos de la base de 1.445.151 registros totales de ISBN de Dilve entre los años 2001 y 2025. La metodología y procesos utilizados para realizar el filtro de registros no quedan establecidos con claridad.

Entiendo que, desde el punto de vista de la cultumetría, la frontera entre Ficción y No ficción es difusa, no tan estricta como en el ámbito comercial. Y, desde ese ángulo, entiendo también la posición de los autores a la hora de introducir elementos clasificatorios de No ficción. El problema es que en el experimento de fusión entre la cultumetría y la producción usan Thema, un estándar propio del comercio, y el informe no proporciona el detalle necesario para reconstruir el procedimiento aplicado en la selección del corpus temático en el que basarán sus premisas. Y puesto que no queda bien fundamentado en la metodología, sino que el proceso se va desvelando conforme avanza el texto, se generan dudas y preguntas.

El informe empieza diciendo explícitamente que va a centrarse en la categoría temática F (Ficción) de Thema, que contiene una jerarquía de 161 códigos, para luego hablar de la construcción de un «sistema clasificatorio propio» para facilitar el análisis «a partir de los 93 códigos Thema presentes en el corpus» (p.7). Aquí surgen las primeras dudas: ¿Cuáles son esos 93 códigos? ¿Con qué criterio se han seleccionado? ¿Pertenecen a F o incluyen otras categorías? ¿Qué versión de Thema se ha usado?

Explica luego que esta clasificación propia (p.7)consta de 12 categorías temáticas que van más allá de la Ficción (F): Cómic y novela gráfica (X), Teatro (DD), Infantil y juvenil (Y), Religión y pensamiento (Q). Más preguntas: ¿El filtro resultante de 344.501 registros también las incluye? ¿Y cuáles son entonces los códigos Thema finalmente utilizados en el filtro?, ¿sólo F o también subjerarquías de X, D e Y? ¿Forman parte estas categorías de los mencionados 93 códigos?

Más adelante, el texto explica, ya fuera de la Metodología y de lleno en los Resultados, que es necesaria la inclusión de temas de No ficción en el estudio, ya que «la propia construcción del corpus obliga, para que resulte manejable y unitario, a agrupar bajo el rótulo operativo “ficción” objetos que ni el propio estándar Thema, y mucho menos la crítica literaria, consideran ficcionales en sentido estricto» (p.12). Este razonamiento tiene sentido desde el punto de vista de la cultumetría, pero anula potencialmente la utilidad del estudio desde el punto de vista de la industria del libro.

El informe no menciona una limitación que tiene Dilve como fuente histórica, la relativa a los títulos descatalogados y a las editoriales desaparecidas y no agremiadas. 

Dilve elimina los títulos antiguos inactivos o descatalogados. Según se indica en su sección de Preguntas frecuentes, «los libros publicados o descatalogados hace mucho tiempo, en general, no estarán dados de alta en Dilve porque las editoriales no necesitan gestionar sus datos, al no estar ya en venta, y estando el canal comercial informado de ello».

Es la Agencia Española del ISBN quien conserva de forma permanente todos los ISBN registrados. 

Si los datos del informe proceden de Dilve, faltarían precisamente lo títulos descatalogados, lo que restaría exactitud a sus resultados; si proceden de la Agencia, el informe debería indicarlo, puesto que se presenta como un análisis de Dilve, al que se refiere como «base de datos del ISBN español» (pp.5 y 35).

Por otro lado, estos títulos antiguos no pertenecen solo a editoriales activas, sino también a las editoriales que han cesado su actividad. 

Sobre los cierres, sólo disponemos públicamente de los datos que figuran en los informes de Comercio interior, que se limitan a las editoriales agremiadas. Según la evolución anual de éstas, entre 2002 y 2025 cerraron o se dieron de baja de la FGEE al menos 203 editoriales en España. Los datos totales de los agentes editores sí se conservan en la Agencia española del ISBN.

Los autores no explican si han evaluado estas ausencias ni qué efecto podrían tener sobre la representatividad del corpus, cuestión importante porque, si faltan registros correspondientes a los primeros años del siglo XXI, el crecimiento de la producción entre 2001 y 2025 podría ser significativamente distinto del que presenta el informe.

El informe analiza la distribución de la producción bibliográfica entre los diferentes tipos de editoriales y, con esa finalidad, elabora un «segundo sistema clasificatorio [que] consiste en una tipología editorial aplicada a los 3.765 sellos presentes en el CFSXXI [Corpus Ficción siglo XXI]» (p.8). Sobre esta base tipológica estudia la producción según diferentes modelos bibliometricos.

Como el informe utiliza Dilve como base de datos, entendemos que los 3.765 sellos proceden de ahí. Pero queda por explicar si han normalizado las denominaciones para evitar contar varias veces una misma editorial, si han diferenciado las empresas editoriales de sus sellos comerciales o qué fuentes han utilizado para comprobar la pertenencia de cada sello a un grupo empresarial y asignarle una de las cinco tipologías, porque, como explico en el punto 4, se observan errores de clasificación.

Por otro lado, los registros ISBN de Dilve son útiles para medir la producción, pero no son los adecuados para medir cuotas de mercado. Sin embargo, los autores trasladan en ocasiones los datos de registros al ámbito comercial, poniendo en el mismo plano la producción editorial con las ventas y la facturación.

El ejemplo más evidente está en la afirmación de que las editoriales independientes alcanzaron en 2025 una «cuota de mercado» del 39%, frente al 30% de los grandes grupos (p.22), para luego decir que «la edición independiente lidera con el 39% de los títulos» (p.24), refiriéndose a la proporción de ISBN publicados por cada tipo de editorial, no como participación en las ventas o en la facturación.

Los autores también utilizan el crecimiento de la facturación recogido en el Comercio Interior del Libro en España 2025(FGEE) para «corroborar» la expansión de la producción registrada en Dilve (p. 39). Sin embargo, el número de títulos publicados y la facturación miden fenómenos diferentes. Las ventas de un ejercicio incluyen las novedades y el fondo editorial, y pueden crecer, aunque disminuya el número de títulos nuevos publicados. De hecho, el propio informe identifica una fase de estabilización y corrección de la producción a partir de 2022.

La utilización de estos indicadores como si reflejaran una misma evolución lleva a conclusiones sobre el mercado editorial que con los datos disponibles no se pueden sostener.

El informe presenta importantes equivocaciones en la clasificación de las editoriales, una de las variables fundamentales de su análisis. Entre los sellos considerados erróneamente independientes (pp.26-28) figuran Roca Editorial (Penguin Random House), Edicions 62 y Minotauro (Grupo Planeta), Xerais (Grupo Anaya/Hachette), Titania (Urano) y La Galera (Abacus Futur). Todos ellos pertenecían a grupos editoriales en 2025.

Estos errores son especialmente graves porque la clasificación de los agentes editoriales constituye la base de algunas de las principales conclusiones del informe, en particular, que el 39% de los ISBN publicados en 2025 se atribuye a las editoriales independientes, un porcentaje cuya fiabilidad queda cuestionada por las adscripciones incorrectas.

Además, como los casos señalados proceden solo de las tablas de las editoriales independientes más productivas mostradas en el informe, es posible que haya más adscripciones erróneas entre los 3.186 sellos clasificados como independientes. 

Así pues, sin una revisión completa de las adscripciones y un recálculo de los indicadores, las conclusiones sobre el peso y la evolución de la edición independiente no pueden considerarse suficientemente fiables.

Sobre el tratamiento y uso de la clasificación Thema en el informe, hay tres aspectos que comentar:

El informe dice que trabajar solo con la materia principal Thema «simplifica la complejidad de la clasificación múltiple que permite DILVE» (p.7), pero no tiene en cuenta que son razones de mercado las que motivan que se destaque una categoría entre las demás.

A la hora de llevar el libro al canal comercial, la materia principal no indica siempre el género más apropiado, sino el público al que la editorial quiere orientar la demanda. Por ejemplo, una novela puede ser bélica y erótica a la vez, y la editorial debe elegir si la presenta al mercado como «aventuras militares de guerra y combate» (FJM) o como «ficción erótica» (FP) y cuáles serán las categorías secundarias que ayudarán a contextualizarla adecuadamente. Pero al contar solo con la materia principal se corre el riesgo de infrarrepresentar los géneros que suelen figurar como secundarios, algo muy factible cuando, por ejemplo, el informe compara la romántica con el terror, la ciencia ficción y la fantasía (pp.15-17).

En la tabla de subtemas de Ficción que el informe establece (pp.10-11) hay varios códigos que llevan una descripción que no se corresponde con la que les asigna Thema. Así, por ejemplo:

FJ figura como «Ficción bélica/de guerra» (FJM), cuando es «Ficción de aventuras o de acción». 

FW no es «Ficción del Oeste» sino «Ficción religiosa y espiritual». En Thema, el western es FJW, otro subcódigo de la ficción de aventuras.

FV corresponde a «Ficción histórica», no a «Ficción de aventuras» (FJ).

FY no es «Ficción de humor, sátiras» (FU), sino «Ficción / literatura / cómics / novela gráfica: características especiales».

FT corresponde a «Novelas sobre sagas familiares», no a «Ficción histórica» (FV).

Esto hace que la ficción histórica, por ejemplo, aparezca con un 0,1% del corpus, una cifra difícil de creer en el mercado español. Si la descripción de un código no corresponde a su contenido, la evolución que el informe atribuye a ese género tampoco es fiable.

Espero que sea un error sólo de la tabla porque, en caso contrario, el informe quedaría totalmente deslegitimado.

Aunque el informe define correctamente Dilve como una infraestructura de distribución de metadatos (p.14), en tres ocasiones lo incluye junto a Thema y BISAC entre los «sistemas de clasificación editorial» (pp.17, 18 y 40). Dilve no es un estándar de clasificación, sino un sistema de recogida y distribución de la clasificación temática Thema que las editoriales asignan a cada ISBN. Se trata de una distinción importante en un informe que propone estudiar los sistemas de clasificación como objeto de análisis.

Por otro lado, también parece haber otra confusión asimilando BIC a Bisac cuando el informe afirma, en relación con otro estudio, que éste no menciona «en ningún momento DILVE, Thema o el estándar BIC/BISAC como objeto propio de estudio» (p.18).

No cuestiono la pertinencia del informe en el ámbito para el que fue concebido, el académico. Como contribución a la cultumetría crítica, plantea preguntas legítimas sobre la relación entre el mercado, la crítica y los sistemas de clasificación, y valorar su alcance corresponde a la comunidad académica.

La industria del libro, en cambio, no puede servirse de él. El informe aporta información sobre la producción bibliográfica registrada en DILVE entre 2001 y 2025, pero las deficiencias metodológicas y los errores detectados impiden considerar suficientemente fiables algunas de sus conclusiones sobre la evolución de la producción de ficción, el peso de las editoriales independientes y la distribución por géneros.

Por tanto, los profesionales de la industria editorial deberían evitar utilizar esos resultados como referencia para el análisis del sector o la toma de decisiones comerciales mientras no se aclaren los criterios de selección del corpus, se revise la clasificación empresarial y se compruebe el tratamiento de los códigos Thema.

Arantxa Mellado Bataller
Consultora editorial