Análisis y reflexiones sobre la industria del libro, por Arantxa Mellado

Lecturas abandonadas: Cómo hacer del defecto virtud

4 de febrero de 2026
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La normalización del abandono lector, impulsada por redes como Goodreads, TikTok o Reddit, revela un cambio profundo en los hábitos de lectura. Este artículo analiza el auge de las lecturas inconclusas como fenómeno cultural, examina sus causas y plantea cómo las editoriales pueden convertir estos datos en inteligencia de negocio: identificar patrones de abandono, optimizar estrategias de marketing y repensar sus decisiones editoriales para responder mejor a los nuevos hábitos lectores.


Hay libros cuya lectura se deja a medias. Incluso libros con prestigio y pedigrí. Confesarlo públicamente no era algo habitual. Quizá porque, durante siglos, leer un libro de principio a fin ha sido considerado un acto de virtud cultural, casi un imperativo moral, al menos de puertas para afuera.

Pero esa percepción de amplio pasado parece tener un corto futuro, porque hoy en día las lecturas inconclusas se reconocen públicamente, sin rubor, en una especie de normalización de la que incluso se hace gala en las redes sociales.

Hay un hashtag para los libros que no se terminan: #DNF (Did Not Finish). Se ha vuelto tan habitual en todas las plataformas que la etiqueta se ha verbalizado y ha dado origen al neologismo inglés to DNF.

Es tal la popularidad de esta etiqueta que Goodreads, la red social de lectores, la ha convertido en un género.

Sus usuarios etiquetan #DNF las estanterías en las que muestran los libros que abandonan, existen decenas listas públicas de libros no leídos, un listado «DNF Books» que agrupan más de 100.000 títulos marcados como abandonados, e incluso hay foros especializados en libros dejados a medias donde los usuarios comparten las razones por las cuales abandonan una lectura.

Y en Redddit, Facebook y TikTok –donde BookTok ha transformado la forma de recomendar libros–, hashtags como #dnfbook o #BookTokDNF se repiten en vídeos donde se comentan sin sentimiento de culpa los libros inconclusos.

No solo la lectura de libros se abandona. También muchas series y sagas pierden lectores conforme avanzan los volúmenes.

El fenómeno es especialmente notable en la ficción juvenil, la fantasía y el thriller, donde el entusiasmo inicial no siempre se mantiene hasta el último volumen. Las editoriales lo saben bien, y son incontables los casos en los que se han enfrentado a la encrucijada de seguir publicando volúmenes o interrumpir la publicación de una serie (para desesperación de los lectores fieles, que también muestran públicamente su desacuerdo cuando la decisión es el abandono por parte de la editorial).

No existen cifras públicas sobre el volumen de publicaciones #DNF en estas redes, pero el uso sostenido del acrónimo indica que la lectura abandonada ha dejado de ser un tabú y se ha convertido en un contenido cultural más. Lo que antes se ocultaba, hoy se expone, se comenta, se etiqueta y deviene en contenido compartible y viral.

Parte de la culpa del abandono la tienen circunstancias ajenas al libro, aquellas que motivan que la lectura sea tan intermitente que el libro se deja a medias más por olvido que por hastío. Me refiero a las actividades digitales que llevan a que la atención lector se disperse (redes sociales, visionado de series, escucha de podcast, etc.). Es en estos campos donde se dirime la encarnizada batalla por la atención del lector/consumidor, el objetivo más codiciado de todas las industrias culturales y de entretenimiento.

No perder la atención del lector es un objetivo que hay que alcanzar, pero hay otras causas de abandono que las editoriales debería tener especialmente en cuenta, y son las que provienen del propio libro.

Según los usuarios de Reddit, las razones para no terminar una lectura se pueden resumir en la falta de interés (el clásico «no me ha enganchado»), el estilo y/o el ritmo narrativos, personajes principales poco atractivos, el aburrimiento, el exceso de información (sobre todo en la fantasía) y la longitud del libro.

A estas causas yo añadiría una más, relativa a las expectativas generadas por el marketing: la falta de coherencia (de alineación, como dicen en el sector) entre la cubierta, el contenido y el copy.

Viejos conocidos para los lectores. Nuevos amigos para los editores.

Porque esta exposición pública del libro abandonado, bien interpretada, puede tener consecuencias económicas positivas para el mundo del libro, ya que ayuda a tomar decisiones sobre la priorización de reimpresiones con menos incertidumbre, a poner al descubierto factores de riesgo cuando se trata adquisiciones de derechos, y a ajustar campañas comerciales (cuando han generado expectativas no satisfechas y que han motivado el abandono). Entre otras.

La información aportada por los propios lectores es un valor estratégico: son datos que pueden convertirse en inteligencia de negocio.

La inteligencia de negocio consiste en detectar patrones, analizarlos y obtener conclusiones aplicables a futuras decisiones relativas a la edición, el diseño editorial, el marketing, la estrategia comercial, la planificación de catálogo, etc.

Se pueden recoger datos de tipología muy diversa a partir de los cuales detectar patrones de abandono. Los más significativos son los datos aportados por las lecturas realizadas en una plataforma digital, pues el uso del libro queda registrado en todas sus formas. Sin embargo, el acceso a estos datos por parte de las editoriales es muy limitado.

Las principales plataformas de lectura digital —como Kindle, Kobo, Apple Books o Google Play Books— no comparten con las editoriales métricas detalladas sobre comportamiento lector, como puntos de abandono, tiempo medio de lectura o progresión por capítulo. Aunque recogen estos datos internamente para alimentar sus algoritmos, rara vez los ponen a disposición del ecosistema editorial, ni siquiera mediante pago.

Estas barreras de acceso al dato dificultan que las editoriales puedan tomar decisiones basadas en información real sobre el comportamiento lector.

Una solución es incluir el libro en el modelo de suscripción de plataformas de lectura como Kobo Plus y Scribd. Implica aceptar su forma de computar los porcentajes y calcular las liquidaciones, pero el retorno en información puede vales la pena. El acceso a la información se gestiona a través del dashboards[1] de las distribuidoras digitales integradas con las plataformas, como Ingram Spark, Bookwire OS y Demarque.

Los datos aportados por las plataformas de lectura ayudan a responder las tres preguntas que una editorial debe formular para saber por qué un libro se abandona. Y, aun así, la respuesta no será completa, porque se enmarca en una muestra muy pequeña y sesgada de lectores.

La primera pregunta es muy simple: ¿Este libro se termina o no? Esto lo mide la tasa de finalización de la lectura digital.

La respuesta nos ayudará a identificar qué títulos se terminan realmente, por lo que los datos que arroja son binarios: sí/no, sí se terminó o no se terminó el libro. La información puede combinarse con géneros, colecciones y sagas para determinar patrones más complejos.

Estas preguntas no explican por qué los libros no se terminaron.

La respuesta podemos intuirla (que no asegurarla) conociendo el porcentaje medio leído y lugares de abandono más comunes.

Se trata de una información útil para detectar cuál es el porcentaje medio de lectura y los puntos argumentales y/o narrativos donde los lectores suelen abandonar el libro. Por ejemplo, ¿coincide con un capítulo determinado?, ¿se produce a partir de la aparición de un personaje?, ¿o hay una escena en concreto a partir de la cual los lectores no vuelven?

Si los datos señalan que los lectores abandonan en lugares concretos de una obra y se interpretan bien (esta es siempre la clave), la información puede servir para tomar mejores decisiones en las siguientes apuestas del catálogo.

Y, por último, hay que preguntar por el tiempo medio de las sesiones de lectura

Este dato ayuda a predecir el abandono. Sesiones medias de lectura por debajo de los 30 minutos podrían indicar el lector no acaba de conectar con el libro. Y si el lector deja de leer antes de los 15 minutos de sesión podría indicar que realmente le está costando mantener la atención.

Tampoco son datos definitivos porque desconocemos el contexto del lector. Por ejemplo, ¿y si sólo lee en tramos de 15 minutos porque es la duración de su trayecto en metro? En este caso, el problema no está en el lector, sino en nuestra expectativa de cómo debe ser su lectura.

Fuera del entorno de la lectura digital, hay datos que ayudan a detectar patrones de abandono que son accesibles para cualquier editorial y cualquier presupuesto.

Están los títulos destacados en listas #DNF de redes sociales

Estos títulos abandonados se obtienen monitorizando manual o automáticamente los hashtags como #DNF, #BookTokDNF, listas públicas de Goodreads, TikTok y Reddit.

Conocer los libros así etiquetados tiene varias utilidades: 

Permiten identificar directamente los libros mal valorados. Además, esos problemas –los motivos del abandono de la obra– son descritos por los propios lectores. En tercer lugar, cuando se refieren a títulos cuyos derechos se quieren adquirir, el hashtag DNF puede poner en guardia sobre la conveniencia o alertar sobre cómo enfocar la campaña de ventas. Y, por último, pueden ayudar a tomar decisiones de reimpresión.   

También se pueden encontrar respuestas satisfactorias en el análisis cualitativo de las reseñas y las valoraciones de los lectores

Para poder encontrar aquí patrones de abandono, hay que detectar y procesar las opiniones de los lectores en Amazon, Goodreads, Babelio, blogs y redes. Es un trabajazo, pero se pueden obtener resultados altamente rentables.

Las reseñas hay que complementarlas con las explicaciones que dan los lectores que etiquetan el libro como #DNF (p.ej. «me aburrí antes de la página 60», «no conecté con el personaje»). Las reseñas y las explicaciones de los DNF, unidas a las puntuaciones (número de estrellas), tienen las mismas cuatro utilidades que he enumerado en el punto anterior.

Pero además, estas valoraciones subjetivas son muy valiosas para detectar ese desajuste entre el copy de marketing y las expectativas del lector que mencioné más arriba. Y también pueden ser útiles para comprobar si el público objetivo se ajusta al definido por la editorial. Incluso para comprobar si las categorías de materia Thema son las más adecuadas.

Por cierto, las reseñas y las recomendaciones de críticos y lecturas son metadatos de subida, y es recomendable añadirlos a los metadatos de marketing como reclamos comerciales.

Convertir el abandono de los libros en inteligencia de negocio supone dejar de tratar la lectura inconclusa sólo como un fracaso y empezar a interpretarla como una información valiosa para la toma de decisiones editoriales. 

El lector que abandona no es un lector perdido. Es un lector que a veces deja pistas, señales útiles para quien sabe interpretarlas. La clave no está en tomarlas como verdades concluyentes, sino en incorporarlas al criterio editorial como lo que son, simples pistas, imperfectas, parciales y a veces incómodas, pero mucho más ricas que el vacío que las precedía.

Y en un contexto de sobreoferta editorial, atención fragmentada y decisiones de producción cada vez más ajustadas, aprender a leer esas pistas puede marcar la diferencia entre repetir inercias o afinar el criterio para tomar decisiones editoriales más conscientes.

No es temer al abandono, sino de dejar de ignorarlo.

Se trata de un interesante divertimento ideado por el escritor y matemático Jordan Ellenberg, que, harto de que las plataformas no le dieran datos sobre el comportamiento del lector en sus libros, ideó su propia forma de averiguar la tasa de compromiso y de abandono.

Para calcular la tasa de abandono de los libros, Ellenberg se basó en los «Popular Highlights» de Kindle, las frases que más a menudo subrayan los lectores en un libro digital. Amazon no publica los ratios de lectura de los ebooks, pero sí muestra qué pasajes concentran más subrayados colectivos.

La lógica de Ellenberg es muy sencilla:

Si los fragmentos más subrayados se concentran en las primeras páginas y desaparecen paulatinamente, es señal de que los lectores abandonan pronto el libro.

Si, por el contrario, los destacados más populares aparecen distribuidos a lo largo de muchas páginas y llegan al último tercio del libro, el libro se está leyendo hasta el final.

Es un experimento lúdico, no científico, por lo que sus resultados no muestran datos incuestionables. Pero sirvió a Ellenberg para establecer tres conclusiones que si bien no son concluyentes, sí son fuente de reflexión:

La primera, que los bestsellers de no ficción tienen una alta tasa de abandono.

La segunda, que los libros pueden triunfar comercialmente sin ser realmente leídos, gracias a la creencia popular de que las compras masivas son una prueba de «satisfacción» de otros lectores (el famoso «…mil millones de moscas no pueden equivocarse»).

La tercera conclusión, resultante de la anterior, es que miles de libros vendidos no significan miles de lectores satisfechos.

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[1] Un dashboard es un panel de control visual que muestra métricas clave (KPIs), datos e indicadores de rendimiento de forma resumida y comprensible, utilizando gráficos e información intuitiva para facilitar el seguimiento y análisis del rendimiento de una empresa, campaña o proceso en tiempo real. Estas herramientas son cruciales para la toma de decisiones basadas en datos, ya que consolidan información de diversas fuentes en una sola interfaz, como bases de datos o hojas de cálculo


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Arantxa Mellado Bataller
Consultora editorial