Hace un par de días se publicó la Panorámica sobre la edición española de libros en 2014, y, como es habitual, las trompetas del apocalipsis del ebook empezaron a sonar. Cómo no, debido a una mala interpretación de los datos aportados por la Panorámica.
Este estudio se basa en los datos aportados por la Agencia española del ISBN, como dice en su Introducción (páginas 7 y 10).
Pero en España y en cualquier parte del mundo es posible vender un libro sin ISBN. Las plataformas de autoedición, habilitadas por empresas dedicadas y por grandes librerías para pequeñas editoriales y autores independientes, posibilitan que un libro salga al mercado sin un código estándar que lo identifique.
Ante esta facilidad, por el ahorro de costes que supone y, en ocasiones, por desconocimiento, cada año salen al mercado miles de libros sin pasar por el registro. Libros que, de cara a las estadísticas de la Agencia del ISBN, no existen. Y si no existen, no aparecen en los estudios derivados de sus registros, como es el caso de la Panorámica de 2014.
Sabiendo, pues, que los libros sin ISBN no se computan en las estadísticas oficiales –ni en otras, porque las librerías no ofrecen datos sobre su número ni cifras de venta–, no tiene ningún sentido afirmar que el descenso en un 1,9% de registros de libros digitales (no confundir con edición electrónica) en el ISBN significa que el ebook se está muriendo, que están produciendo menos libros digitales, nada de eso: significa simplemente que ha habido un 1,9% menos de registros en el ISBN que en el año anterior.
Sean prudentes, señores, que estas afirmaciones catastrofistas no benefician a nadie en la industria dle libro. Y dejen ya de juzgar el todo por una parte.



