Análisis y reflexiones sobre la industria del libro, por Arantxa Mellado

ISSN 3082-0499

Impresiones (desfavorables) sobre el Informe "El libro electrónico"

12 de abril de 2010
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La semana pasada se presentó el informe “El libro electrónico”, redactado por el Grupo de trabajo sobre El Libro Electrónico, dependiente del Observatorio de la Lectura y el Libro. Se trata de un documento de 79 páginas que tiene como objetivo dar una visión de la situación del libro electrónico en España desde el punto de vista de los diferentes actores que conforman la cadena de valor del libro.

Hasta aquí todo correcto si no fuera porque se trata del Observatorio de la Lectura del Libro, financiado por el Ministerio de Cultura. Francamente, esperábamos más de un grupo de gente de tanta valía como los que lo conforman, algo más que un resumen del estado de la cuestión digital, conformado por las opiniones de unos y aderezado por las demandas de cada uno de los gremios.

El propio informe ya avisa en su presentación de que se basa en los “conocimientos y experiencias” de sus miembros, pero eso no justifica el tono subjetivo y casi egocéntrico que se respira en todo el texto: los autores hablan de sí mismos, los libreros dicen qué necesitan, los distribuidores barren para casa, los editores exponen sus quejas… ¡El señor Badenes incluso hace propaganda de la nueva plataforma de Planeta! Todo es muy legítimo por separado y en su propio contexto gremial, y muy necesario, pero éste informe no era el lugar adecuado.

Creemos que el Grupo de trabajo sobre El libro electrónico debe intentar buscar consenso entre todos los actores de la cadena del libro, aportar algún tipo de valor, y no convertirse en un muro de las lamentaciones. Como nos comentaba Pablo Odell en una conversación, la labor del Observatorio de la Lectura y el Libro no es la de ser cronistas, para cronistas ya están los medios.

Por otra parte, el estudio adolece de defectos formales que creemos injustificables:

– No fija una denominación para el libro electrónico, y utiliza indistintamente  e-book, libro electrónico e incluso e-libro. Los diferentes ponentes deberían ponerse de acuerdo en utilizar una sola denominación, al menos por dar coherencia al documento, aunque fijar un nombre, de por sí, ya sería buena contribución al sector.

– La redacción contiene errores sintácticos reiterativos. El redactor se empeña constantemente en separar sujeto de predicado con comas, cuando no olvida usarlas para cerrar oraciones explicativas. Y el texto necesita un repaso tipográfico: sobran espacios, se utilizan las cursivas sin criterio y los guiones de apertura son diferentes a los de cierre, entre otras cosas.

Estamos ante un texto emanado de un organismo público, publicado y difundido por el Ministerio de Cultura, y su presentación debería ser impecable. Aunque esto es pecata minuta, aporta una pobre imagen de precipitación y falta de rigor a un informe que en sí mismo flaquea.

Arantxa Mellado Bataller
Consultora editorial