Un año más visité el Salón del Cómic, y un año más me llevé una pobre impresión: enormes espacios vacíos, mucha tienda de merchandising y frikería, y grandes stands ocupados en la promoción de películas.
Las
editoriales de siempre ocupaban los espacios de casi siempre, y Planeta repetía el stand-tienda de cada año. Librerías especializadas, pocas, muy pocas. Según me contaron, las grandes editoriales se reservan para sí los lanzamientos (y, por lo tanto, las ventas), retrasando la entrega de las novedades a las librerías, que desbordadas por la competencia de los editores optan por no participar en el Salón. Y es que, para el que ande despistado, éste es un Salón abierto al público, que va a comprar y a ver a sus autores favoritos.

Entre los de siempre -pero geniales como siempre-, los de El Jueves, cuyo stand estaba dedicado a la crisis.






